Creatividad perdida (Vueltas de un provinciano por Caracas y II)

CCS gggNo me cansaré de repetirlo. En Caracas se acabó la creatividad. La misma que tuvo que tener Diego de Losada para atravesar ese valle al que llamó de La Pascua (porque llegó a el un jueves santo) luchar con las tribus caribes que vivían en aquel vergel que debió ser antes de 1567 (y en épocas posteriores) y la que tuvieron aquellos que colonizaron Caracas con los años sucesivos. Porque para mi, la capital de mi país es una mujer poco dócil, una de esas hembras difíciles que se la pasan alborotando los retos que surgen de las hormonas más íntimas del hombre tropical caribeño.

El centro histórico de Caracas, alrededor de la Plaza Bolívar (el sitio donde Losada fundó la ciudad de Santiago de León) ha sido restaurado en medida progresiva y de forma muy interesante. Los adoquines parecen pulidos a mano. Devolvieron el busto de Billo Frómeta a la esquina de Padre Sierra, restauraron un muy hermoso Teatro Principal y la Casa Amarilla brilla de frescura. La llamada Casa del Vínculo, la primera residencia marital del General Bolívar, fue restaurada y presenta algunos símbolos importantes como frisos originales. Está bien iluminada y custodiada. Un estudio de televisión en la esquina de las Gradillas, donde quedaba la zapatería Emily Rodin, intenta imitar el conocidísimo de Times Square. Hasta ahí el asunto va perfecto.

Lo que no puedo terminar de entender de esta restauración de Caracas es la impertinente presencia de símbolos de gestión de gobierno. Si se tratase de un remozamiento serio, se abstuvieran de incluir estos elementos porque la gente no es tonta: el caraqueño sabe y conoce quien ha hecho cada cosa, así que arquitectónicamente es innecesario. El conjunto, decorado y pintado, bello, armónico, tiene que incluir necesariamente la puesta en funcionamiento de las fuentes de la Plaza Bolívar -todas, en óptimas condiciones- de la misma manera que devolvieron el agua a la cascada de la Plaza Andrés Eloy Blanco, ícono de esa cultura urbana -de patineteros y hippies contemporáneos- que no termino de entender.

El edificio de correos de Carmelitas está hermoso, pulcro. También la avenida Urdaneta, asfaltada, señalizada, con aceras completas y brocales amarillos y rojos con indicaciones de estacionamiento prohibido y paradas de autobús. Supongo -espero no equivocarme- que esa cara de la avenida responde a esa mala costumbre patria de tener bien bonitas las calles por donde pasa el presidente de la república. Y esa pasa justamente frente a un Miraflores que, a pesar de el gentío que se agolpa en sus alrededores, luce también hermoso, sobrio y solemne, el más importante símbolo de nuestra democracia.

Lo que si no tiene mantenimiento son las iglesias. Ni la catedral de Caracas, de blanco desconchado y en uno de cuyos resquicios descargan aguas los indigentes, ni Santa Capilla (reducida a la nave central, sucia, increiblemente abandonada a pesar de su nivel arquitectónico), ni la del Corazón de Jesús en La Hoyada. Parece que fuera a propósito la medida. Si la alcaldía de Caracas devolvió el rosado y blanco a Santa Capilla lo hizo mal porque pintó el cascarón mientras adentro se cae a pedazos y el Santísimo Sacramento del Altar está rodeado de andamios (la vocación de está basílica menor es de adoración a la Hostia consagrada, no administra sacramentos). Pecan, como dice el mismo evangelio, de limpiar la copa en el exterior sin mirar el interior agusanado.

El café y la chocolatería Venezuela, ambas en las Gradillas, ofrecen excelentes productos pero no tienen calidad de servicio: están tan abarrotadas de gente que el cajero te apura a hacer el pedido, la señora de las tortas se confunde y te sirve de zanahoria cuando has pedido de arequipe y el preparador del café está tan afanado que te entrega el vaso casi a los golpes. Ahí fue donde me percaté con estupor que la línea de helados de Lácteos Los Andes lleva el nombre de Coppelia, la mítica heladería de 23 y L en el Vedado de La Habana. Su fábrica fue criticada por el presidente de la república por su mal funcionamiento y fue reinaugurada en el estado Falcón.

Fui a Caricuao, zona que no conocía y que es una ciudad dentro de la ciudad. ¡Que diseño! Se trata de apartamentos de clase popular (nada de lujos,  son edificios prefabricados) ubicados en terrazas que se cortaron en los cerros del sur de Caracas, esos que se llenan de neblina en estos días de pacheco. Me tocó caminar bajo la autopista Prados del Este, usar el Metrobús, apiñarme en el metro al estilo de las sardinas en aceite vegetal, ir de La Hoyada a la esquina de Cruz Verde atravesando la plaza del Palacio de Justicia, mirar las reparaciones del Centro Simón Bolívar (está quedando espléndido), pero no encontré nada impactante construido recientemente, ni adaptado a esos viejos edificios. Sería bueno ver, por ejemplo, la mudanza a la Torre de David (la antigua Confinanzas) de varios ministerios y un restaurante en el último piso con vistas a San Bernardino; un café -al estilo del que está en la esquina Principal- en otras esquinas, ir abriendo espacios para el esparcimiento nocturno, iluminado y vigilado que aleje definitivamente al hampa del centro de la ciudad. Que no hubiesen puesto  afiches politiqueros en los bellos faroles verdes de Gradillas a San Jacinto, de Padre Sierra a Las Monjas y alrededor de toda la plaza Bolívar, que se prohiba por decreto la presencia de buhoneros, que se respete el ámbito histórico de una ciudad que encierra tanta historia en menos de dos kilómetros cuadrados que no se aguanta respirar tanto aire antiguo.

Subí al Panteón Nacional por puro gusto: Caracas sin Biblioteca Nacional es para mi como París sin Torre Eiffel. Vi de lejos el adefesio que le construyeron detrás a la ermita de la Santísima Trinidad como mausoleo del Libertador. No sólo no me gusta, sino que me parece ofensivo a la dignidad del Padre de la Patria, sacarlo de su última morada, esa la construida por el esfuerzo de Juan Domingo del Sacramento Infante.  Imagino que en los planes del ministro plenipotenciario para el poder popular supremo y absoluto para la recuperación de Caracas, Francisco Sesto, no está despojar al sarcófago del monumento funerario diseñado por Pietro Tenerani, porque su significación y su belleza no lograrán ser ni remotamente igualados, por ninguno contemporáneo con el que pretendan sustituirlo. Pero conocidas las dimensiones del anexo palacete, lamentablemente creo que quedará péqueño. La obra nueva parece el lejano cónsul de la arquitectura comunista de Bucarest, Moscú o Pyongyang.

Faltan voluntades, perdemos mucho tiempo valioso en persecuciones partidistas que acaban por unas horas tras los resultados electorales y se reinician inmediatamente pensando en la próxima oportunidad de salir de tal o cual gobierno. Y mientras, las ciudades, los pueblos, las carreteras, las autopistas, se caen a pedazos en una sucesión interminable de eventos desafortunados.

A Caracas, -tanto como a Valencia, a Maracaibo, a Mérida, a Barquisimeto, a Maracay- le hace falta una mano novedosa, una mente artística que permita redimensionar los tiempos y adaptar la ciudad a ellos sin olvidar lo que somos. No es necesario demoler la Catedral de Caracas y sustituirla por una obra de un discípulo de Niemeyer, pero sí es absolutamente imperioso que todos los estudiantes de primaria del país sepan que allí reposa un cuadro de Arturo Michelena, La última cena, que quedó inconcluso por la muerte del autor. Sería excelente que sobre el edificio La Torre, en la esquina del mismo nombre, se instale una tasca restaurante como el Roof Garden. Que demos paso a una ciudad capital (y a todas las capitales nacionales) más amable para quienes la habitan y la visitan. Eso genera empleo y éste acaba con la pobreza. Si eso se entiende, estaremos allanando un camino más creativo y productivo que el de abarrotar las nóminas del Estado con empleados, obreros y funcionarios que hacen muy poco, y de paso, lo hacen mal.

Angel Mendoza Zabala / CNP: 19.492

Anuncios

Acerca de angelmendozazabala

Periodista (Universidad Rafael Belloso Chacín, Maracaibo, 2006). Escritor, Finalista del IV Premio Planeta Casamérica (Valparaíso, Chile) 2011 con "Positivo" (Planeta, 2011). Premio Nacional de Literatura "Freddy Hernández Álvarez" 2012 (Barcelona, Venezuela) con "Leopoldville". Melómano crónico, con recurrencia diaria. Venezolanómano convencido.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s