Liubliana

SMLeí Liubliana, de Eduardo Sánchez Rugeles, por una sugerencia de una amiga. Me encontré con una montaña rusa que discurre por un laberinto sabroso: las paredes están hechas alternativamente de salchichón, algodón de azúcar, vino tinto, café, caramelos kraft, malvaviscos, cocosete, paspalitos. El vagón se detiene amablemente a que te abastezcas. Leer Liubliana es la fantasía de la infancia de muchos: quedarse encerrados en un supermercado.

Caracas apareció explayada en cada vuelta de riel. Y no porque el parque esté ubicado cerca de La Bandera o en el Jardín Botánico, sino porque Liubliana es Caracas. Encierra sus males y sus bondades. En la narración, la capital venezolana pierde su limitación geográfica y se extiende a Madrid, en forma de colonia emigrante; a Bruselas, en forma de sueño de estabilidad, de persecución de estatus; a Liubliana, como la materialización de lo divino y lo profano en un sólo momento; a Barcelona, como lo sórdido entre Santa Mónica y Los Chaguaramos que se vuelve bello frente al Mediterráneo, así mismo como una torta milhojas de la Crea.

Liubliana trae un soundtrack compuesto por Álvaro Paiva, un músico -no podía ser de otra manera- caraqueño. Pero tiene además su banda sonora interna, su música incidental particular, propia, ajena a las elucubraciones artísticas inéditas y de la mano con el que lee. La tragedia de Gabriel Guerrero se configura como una suerte de plastilina: en algún momento el lector se siente identificado (cuando no, en toda la novela), con las venturas y desventuras del protagonista. Correr con cuchillos para matar a Dios, por el nivel inferior de la avenida Libertador, es una locura que a muchos le ha pasado por la mente, y que otros -quizá muchos- han podido realizar aún en circunstancias y en lugares diferentes.

Matar a Dios. Una mamá que le impone a sus hijos: “No soy mamá, ni mami, soy la Nena”. Una serenata a media noche de un anciano a una anciana. Una cita oculta, un misterio incestuoso, un hombre que es feliz cuando es infiel, no porque le cause placer engañar a su mujer sino porque es la única ocasión (entre el exilio, el trabajo, el matrimonio fallido) en la que puede ser como en realidad es. Un hombre común.

Sánchez Rugeles se configura como un genio de la lámpara: concede deseos. Ensalza, destruye, elimina, crea, conduce, deja solo, arrastra, olvida, convence, involucra. Liubliana es el país en páginas. Es la visión de una porción del venezolano, tan consustanciada con si misma, que se extiende a la visión compartida de los que aún anhelan el país. Fedor abandonado frente a un televisor viendo el fútbol es ese venezolano que quiere que el país cambie, pero que se limita a retuitear lo que le llega al Iphone 5 mientras revisa las ofertas de Zara.

¿Por qué la capital de Eslovenia? Ni idea. Pero quedó excelente. Liubliana es un catálogo de sensaciones, un callejón donde te regalan muestras gratis, un símbolo. Liubliana es el por qué de muchas cosas. Cosas que, por cierto, solo puede saber un caraqueño. Es ficción sin extraterrestres, esa irrealidad concreta que sabes que pudo pasar. Liubliana me puso a buscar en Google Earth las calles de Santa Mónica.

Liubliana me permitió acentuar mi tesis del ciudadano estado: el 70% de los problemas del país no se solucionan porque los venezolanos no tenemos una concepción del “país somos todos”, sino de “mi país soy yo, no necesito de nadie, yo soy más vivo que los demás”. Y por eso, precisamente, es que no se logran las soluciones. Por eso, quien quiere invadir invade, quien quiere robar, lo hace. Esas concepciones grupales de nación, como la judía, la chilena o la gallega, no encajan en nuestro temperamento donde la solidaridad es más amplia que el respeto pero que no obligatoriamente lo lleva de la mano. Liubliana, con su tesis de los aviones de Aeropostal lanzando bombas de mierda sobre Buenos Aires, configura ese elemento sórdido que la convierte en el más fiel y reciente documento literario de nuestra realidad nacional.

Angel Mendoza Zabala. / CNP: 19.492

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Acerca de angelmendozazabala

Periodista (Universidad Rafael Belloso Chacín, Maracaibo, 2006). Escritor, Finalista del IV Premio Planeta Casamérica (Valparaíso, Chile) 2011 con "Positivo" (Planeta, 2011). Premio Nacional de Literatura "Freddy Hernández Álvarez" 2012 (Barcelona, Venezuela) con "Leopoldville". Melómano crónico, con recurrencia diaria. Venezolanómano convencido.
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