Catalina de Miranda

xiomaryurbaez696

Foto: Billy Castro, cortesía El Impulso.

Conocí a Catalina en Caracas, de la mano de una amiga recientemente conocida. De entrada me llamó la atención su mirada, su gesto de niña buena. La invité a Maracaibo y me aceptó venirse. Nació en Sevilla con un espíritu aventurero tremendísimo, vivió en el villorrio que fue en sus comienzos mi actual metrópoli, y se anduvo medio país mucho antes de que el general Gómez mejorara las comunicaciones con su epidemia de macadam.

Su mentora en tierras criollas, Xiomary Urbáez, parece tener mucho del espíritu de la misma niña que describe en su excelente libro, Catalina de Miranda. La novela presenta la historia de una jovencita que tiene, entre ceja y ceja, venirse a América, al Nuevo Mundo, para probar fortuna y mejorar la suerte pobre de su destino de sevillana. Ese es el primer quiebre estupendo, espléndido. Pareciese fantástico salvo porque tiene un componente real supuesto. ¿Por qué no pudo intentar una mujer, casi niña, salvar el Atlántico y comenzar de nuevo?

La travesía a la América la enamora de un corsario, sí un pirata, y no quiero adelantarme ni revelar demasiado sobre el libro. En Venezuela, pisando Maracaibo, se vincula a un conquistador lo que, psicológicamente hablando, podría denotar una increíble ansia de protección, obvia en una niña que había vivido en lo más abyecto de la Sevilla del siglo XVI, quizá en algún tugurio a orillas del agua turbia  del Guadalquivir. Catalina se entrega a Venezuela en un amor tan completo, que sustituye un conquistador por otro, vive un impensable -por la época- triángulo amoroso y sobrepasa las fronteras del asco de raza en una escena memorable.

Urbáez condensa un irremediable amor por el estado Lara en la novela. Las fundaciones de Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción de El Tocuyo y de Nueva Segovia de Barquisimeto preceden a la de Santiago de León de Caracas en lo que se advierte como un precioso y virtuosísimo manejo de eventos históricos y reales con la cotidianidad de una anónima mujer que influyó paciente y objetivamente en la conquista y poblamiento del territorio nacional.

Catalina era muy valiente, tanto como Urbáez, a quien considero la más brillante pluma reciente de la poca explorada novela histórica nacional. Como lo logré con Loca de Amor de Catherine Hermairy-Vieille (Martínez Roca, Madrid, 2000), con Catalina de Miranda comprendí la vastedad de posibilidades de sucesos cotidianos ocurridos en la época colonial. ¿Una española amiga de una caquetía al punto de las confidencias? ¿Un grupo de conquistadores decididos a respetar la vida, integridad y dignidad del pueblo aborigen originario por encima incluso de la decisión de la Corona de exterminarlos?

Esa visión novedosa, franca y absolutamente posible de un intento de colonización conciliadora, de unos Cuicas guerreros que quieren expulsar a sangre y fuego a los intrusos -alejándolos de la tradicional imagen de pobres criaturas indefensas-, de trotamundos en la primera Venezuela, convierte a Catalina de Miranda en un nuevo clásico, analizado ya en las aulas de las escuelas de Letras, y secundado por su merecido galardón de Finalista del Premio Planeta Casamérica 2012.

Editado por Planeta Venezolana, arroja una interesante conclusión. Las mujeres venezolanas, y Catalina por asociación (se convierte en criolla en su afán de colaborar en la cimentación del país naciente), son activas, emprendedoras, y capaces -sobre todas las cosas- de orientar el desarrollo de los acontecimientos con sus recursos: un abanicar de pestañas de Catalina hacía pensar a Juan de Carvajal (muerto en El Tocuyo por traición) sobre sus decisiones más profundas y supuso a un indio superar el odio visceral inicial, traspasando la frontera de los cuerpos.

Un excelente libro de los que contribuye a la causa de las Bellas Letras venezolanas.

Angel Mendoza Z. / CNP: 19.492

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Acerca de angelmendozazabala

Periodista (Universidad Rafael Belloso Chacín, Maracaibo, 2006). Escritor, Finalista del IV Premio Planeta Casamérica (Valparaíso, Chile) 2011 con "Positivo" (Planeta, 2011). Premio Nacional de Literatura "Freddy Hernández Álvarez" 2012 (Barcelona, Venezuela) con "Leopoldville". Melómano crónico, con recurrencia diaria. Venezolanómano convencido.
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Una respuesta a Catalina de Miranda

  1. Xiomary Urbáez dijo:

    Qué magníficas palabras. Tu crítica me deja muda de emoción. Son caricias que entibian lo cotidiano. Haces que sienta la gloria de la espuma (sobretodo porque vienen de alguien tan fiable y buena pluma). Somos seres con sueños activos que damos voz a los textos para ensanchar el mundo. Bella tarea -al fin y al cabo- que hemos escogido… Gracias Ángel, mil gracias

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