Simpatía por King Kong

SimpatiaporkingkongTerminé hace poco el más reciente título de L’Enfant terrible de la comunicación venezolana de los últimos tiempos, Ibsen Martínez. Simpatía por King Kong es una historia contada en tres tiempos, una sinfonía para bongó, letra y orquesta.

Las aventuras de Kiko Mendive, el recordado actor cómico de Radio Rochela, están presentadas en las líneas de Simpatía… que nacen con la proyección de King Kong, muda, en la que un grupo de cubanitos improvisan un guaguancó, más bien un mambo, apoyando al gorila encaramado en un rascacielos y evadiendo los ataques de los aeroplanos. Esa pieza musical, titulada igual que el libro, es el centro de la historia que rodea a una pregunta. ¿Por qué Kiko Mendive abandona México y se encuentra en Caracas, deprimido económicamente, malquerido, triste y olvidado cuando disfrutó de la pátina de la fortuna?

Una diatriba sentimental con Dámaso Pérez Prado, la digitalización de la partitura original, una explosión social, un romance cuadrilatero entre una periodista, Raúl (un protagonista que narra en primera persona) y el Number One (el presidente Carlos Andrés Pérez) y un Iesa Boy, el análisis permanente en el lenguaje ibsenmartiniano del Caracazo, el exilio y el volver a empezar, son los principales componentes que giran en torno a la que podría yo llamar, la traición de Perez Prado.

Simpatía por King Kong es absolutamente caribeño, duro, salitroso, huele a ron, a gasolina barata, suena a trompetas, se cuela algún bolero de Felipe Pirela, se estrella el lector en algún momento con una flauta de la Orquesta Broadway. Caracas está explayada en el: se abre el libro en una página cualquiera y aparece la ciudad completa, de Catia a Terrazas del Ávila, o un zoom de Quinta Crespo. Es una película escrita que habla sobre películas, cine, música y da referencia a un libro. Comenta el exilio como la más frecuente muestra de nuestra cotidianidad cercana, porque parece no haber familia con al menos, un desterrado voluntario.

Martínez (Caracas, 1951) es un escritor rudo, crudo, marmóreo. No juega carritos, no anda con rodeos. Asume como propias las tragedias de una capital que perdió la capacidad de asombro pero que la recupera inmediatamente, al día siguiente, en medio de un círculo vicioso tan exasperante como el de los pescaditos de oro, desechos y vueltos a hacer, del coronel Aureliano Buendía de García Márquez. Tragedias como ver a su propia gente saqueando, por irónicas necesidad y hambre, una venta de artefactos electrónicos de última tecnología; como los muertos ametrallados sobre los cuales pasaban los saqueadores cargando reses abiertas en canal. Y, no menos importante, un rostro, cuya fama fue traspasándose de generación en generación, que es sorprendido hurtando un vibráfono en medio del estropicio del silencio de un toque de queda.

De Kiko Mendive sé que nació en Cuba, que trabajó en México en cine y en espectáculos con orquesta, que llegó a Venezuela y se estableció como cantante (con la orquesta de Chucho Sanoja grabó, entre otros, el tema “Los Monos” http://www.youtube.com/watch?v=x_sw0NdV_2M) y es recordado por las generaciones más recientes por su participación en Radio Rochela.

Kiko murió, quizá como describe el libro, quizá en otros acontecimientos. Lo cierto es que en Venezuela vio el declinar perezoso de una carrera negada a desaparecer por una constancia impulsada por la necesidad de subsistir. Íbsen lo rescata del olvido colectivo del que padecemos todos y hace una tarea insustituible, necesaria, practica y poco común: lo saca del desván y lo expone como el bloque de hielo que conocieron los Buendía en los primeros tiempos de Macondo. Nos golpea con el libro en la cara, nos abofetea diciendo: ese, aquel negrito que gritaba “Aguuuua” en el show cómico de los lunes, forma parte de esa herencia que nos negamos a recibir y que pretendemos lanzar a los vagones en movimiento del Metro de Caracas.

¿Cómo sería este país en los 50 que Kiko, una estrella en México, por las razones que sean, decidió echar raíces en la que Martínez denomina la “aldea petrolera” que era Caracas?

Una pregunta flota en el aire, impertinente. ¿Fueron aquellos tiempos, de dancings y de democracias novedosas, mejores que los de ahora?  ¿Dónde lleva ese contraste?

 Angel Mendoza Z. /CNP: 19.492

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Acerca de angelmendozazabala

Periodista (Universidad Rafael Belloso Chacín, Maracaibo, 2006). Escritor, Finalista del IV Premio Planeta Casamérica (Valparaíso, Chile) 2011 con "Positivo" (Planeta, 2011). Premio Nacional de Literatura "Freddy Hernández Álvarez" 2012 (Barcelona, Venezuela) con "Leopoldville". Melómano crónico, con recurrencia diaria. Venezolanómano convencido.
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Una respuesta a Simpatía por King Kong

  1. Ernesto dijo:

    Hola Ángel, acabo de encontrar tu blog.
    Gran reseña no he leído el libro pero a penas pueda lo haré.
    Me suscribo a esperar nuevas entradas, visita nuestro blog y daños tu opinión, saludos!

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